Desde Este Lugar…

Desde este lugar, se cuentan leyendas e historias que juran que así ocurrieron. Desde aquí, en las profundidades de mi mente, se recrean batallas, nacen palabras que resuenan en mis oídos al ritmo de la música, mientras se forjan infinitos mundos. Es aquí donde nace todo lo que mi imaginación es capaz de crear.

Horas infinitas, incontables, sobre el mar de teclas, haciendo bailar la pluma sobre el papel, peleando sobre el artificial cuaderno de notas, del móvil, de la Tablet, o aquí desde el ordenador, en cualquier trocito papel, aparecen textos y poemas de todos los estilos posibles. Van y vienen como las mareas. A rachas en calma, otras como tempestad, en las que las que los dedos vuelan a ras de teclado más rápidos que el viento, sin saber lo que están escribiendo.

Todo vale para inspirarse, una canción, una melodía, una imagen de realidad o fantasía, un video, un paseo, a ser posible junto al mar. Todo vale, todo sirve, todo influencia, pero lo que más le gusta a esta mente es desenterrar para devorar toda clase de libros antiguos. Grandes volúmenes de esos que la suciedad y el polvo, ya casi los ha dejado olvidados. Vetustos legajos en la que se encuentran encerradas las vidas de aquellas personas que han forjado nuestro pasado. Leer les insufla vida, leer les aleja de la angustiosa nada, les aparta del olvido.

Gracias a estos textos, fruto del esfuerzo, de las horas hasta el alba atrapado por sus pesadas letras, aprendí que en la Edad Media no se dio caza a la brujas, que la inquisición es una institución implantada en la Época Moderna, que los tiempos del Renacimiento no fueron solamente un florecer de maravillosas ideas, de arte y cultura, que la Italia de esa era, era un conglomerado de batallas, sangre, guerra, pintura, escultura y arquitectura, que Leonardo Da Vinci y Caravaggio manejaban el pincel con la misma destreza que un puñal, una navaja o una daga.

Gracias a esos antiguos textos descubrí que Maquiavelo no escribió cosas tan perversas, que lo dantesco no es nada desagradable, sino algo formidable, que muchas leyes y costumbres vienen del Derecho Romano, del Germano y las leyes, fueros y costumbres de la era que con desprecio denominaron Edad Media, que Tirante el Blanco no tiene nada que envidiar al Quijote, que la Leyenda Negra no es tan oscura, y ya que del color negro hablamos, que negras se las debió encontrar el legendario Príncipe Negro, que Señor de Vizcaya fue nombrado y jamás la ha pisado… que Ricardo Corazón de León, el mejor de los reyes ingleses jamás articuló palabra en su sobreimpuesto idioma, pues este rey a pesar de nacer en territorio inglés, francés era lengua en la que se expresaba, que las fantasía y leyendas son más propias del romanticismo que de la época a la que hacen referencia, que había ciencia por encima de la fe y las creencias.

Todas estas y otras historias, cargadas o no de gloria, se esconden entre tablillas, estelas, papiros, legajos, entre textos al olvido relegados. Se esconden esperando que unos pocos locos, como yo, los lean al Bóreas, al Notos, al Céfiro y al Euros, para así darles un nuevo aliento en estos impetuosos tiempos en los que las palabras se las lleva el viento.

Imagen: Álvaro Cartagena

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Álvaro Cartagena

Nacido en la Villa Marinera de Santoña (Cantabria) en 1984, pero afincado en Barakaldo (Vizcaya) comenzó sus andaduras en el mundo de la escritura cuando apenas tenía 17 años.