Era Tradición

Fue una tradición mientras duró, una ley no escrita que marcaba parte de nuestra cultura, nuestros hermanos mayores, los primos y los hermanos de nuestros amigos nos llevaban a su cargo y cuidado a lugares que en aquellos tiempos nos parecían más que mágicos.

Era una noche de verano de 1998 en la que la temperatura nos respetó, de las de pantalón corto, sudadera y poco más. Esa noche fue diferente, no iríamos a jugar un rato al balón, el hermano mayor de uno de mis amigos, nos llevó a ver nuestro primer concierto. Tocaban Los Suaves, que de suaves solo tenían el nombre. Sonido estridente de guitarras, voz rasgada y una multitud entregada. Pero no solo fue porque fuese mi primer concierto, fue allí donde conocí a una de las bandas que formaría parte de la banda sonora de mi vida. Ante aquellos colosos, ejerciendo de teloneros, con la difícil situación de calentar las gargantas del respetable público tocaba una de las bandas que forma parte de la banda sonora de muchos de nosotros: La Fuga.

Después de ese primer concierto vinieron otros a los que me llevarían mis primos hasta que empecé a ir solo o con los amigos: Platero y tú, Marea, Mago de Oz, Avalanch, WarCry, Saratoga, Medina Azahara… principales bandas nacionales del metal. No olvidaré el concierto de Gotthard, el último que nos regaló Steve Lee en Bilbao, ni el de Bon Jovi en San Sebastián, o el de Amaranthe, a los que se les quedó pequeña la sala. Tampoco he de olvidar los de aquellas bandas locales como DabelYu o los ya desaparecidos Autostereo, Celsius, Dark Fantasy o Logic Proof  a los que tantas veces he arrastrado a ver a mis amigos y mi pareja.

Hoy eso no hubiera sido posible, de ninguna de las maneras hubiese podido ir a ese concierto, la ley no lo permite. Sólo se puede acudir a estos recintos los mayores de 16 años con un progenitor o un tutor legal. Ni con hermanos, ni con primos, ni demás familia… en fin, es lo que hay. No se dan cuenta que es posible que los tutores/progenitores se encuentren trabajando, o tengan que quedarse a cuidar a sus otros hijos. Por no poder llevar a los menores no puedes ni llevarlos con una autorización, que debería ser la forma correcta de acudir a este tipo de eventos. De sentido común. El más ausente de los sentido.

Un concierto es parte de nuestra cultura, es como cualquier evento, como ir al teatro, al cine, o incluso al fútbol… es todo un espectáculo. Es triste tener que ver como no puedes llevar a tus seres queridos a un evento que les puede cambiar la vida.  Si no hubiese ido ese día, estoy seguro que la música no hubiese llamado a mi puerta. No hubiese conocido la música, no hubiese aprendido a tocar un instrumento, o más bien a aporrear el bajo y provocar y convocar a las tormentas y a la lluvia junto con algún grito de algún vecino. Y posiblemente no hubiese seguido estudiando hasta completar una carrera.

La música es el idioma del alma, fue la música la que fortaleció mi carácter, fue mi compañera fiel en el duro caminar de la vida, la que me levanta en los momentos tristes, la que con sus letras me inspira, la que me hace estremecer al escucharla. Es la música la que todavía a día de hoy acompaña siempre mis horas de estudio y escritura. Es la que me acompaña en la solitaria carretera…

Y son las bandas, las que hacen posible esa música, sobre todo aquellos grupos locales, los de las salas de conciertos, los de bares, los que crecen tocando y tocando, bolo a bolo, los que merece la pena ver. Porque en esas dos o tres horas que estas ahí dentro disfrutando de tu música favorita, al cuidado de una persona adulta, seguro que no estas haciendo otras cosas que podrían ser peores.

 

Imagen: Álvaro Cartagena Vega

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Álvaro Cartagena

Nacido en la Villa Marinera de Santoña (Cantabria) en 1984, pero afincado en Barakaldo (Vizcaya) comenzó sus andaduras en el mundo de la escritura cuando apenas tenía 17 años.