Querido y Mortal Enemigo

A vos os escribo, antes de partir con la marea, noble caballero Tristán para que seáis testigo de lo que aquí os digo. Pongo a Dios por testigo, que de ser otros los designios de este amargo destino, vos y yo, a estas horas seríamos mucho más que amigos, pues es tal el amor y afecto que os tengo que aun siendo rivales en esta absurda contienda que ahora nos separa alzando en armas incluso a nuestras propias familias quedando todas ellas así enfrentadas.

Vos, gallardo vencedor de las más grandes batallas, magnifico estratega cual César; vos, valiente y noble caballero, con el cual he tenido el honor de cruzar mi honra y mi espada. Vos que habéis sangrado junto a mi fruto de lanzadas, laceradas y estocadas. Vos y yo que hemos sangrado por piedras, dardos y tiros de pólvora que nos hemos lanzado. Vos que sois como un hermano de sangre, enemigo, pero a la vez aliado en los momentos precarios de la batalla. Como aquella vez en la gloriosa batalla que tuvo lugar sobre los montes de Urquiola, donde valientemente, por lo que pareció la mitad de un suspiro, peleamos espalda con espalda hasta exhalar juntos nuestro último aliento hasta derrotar a nuestro verdadero enemigo, Velasco.

Vos que sois de sangre caliente y corazón puro, que no hay oro ni plata que os corrompa y compre. Alma ardiente, sabed que ruego a Dios para que esta guerra ahora mismo acabara y nuestra enemistad así se disipara.

Sabed también que maldigo mi propio destino, pues sus caprichosos designios han querido que el amor en esta difícil situación me hallara, que la pasión prendiera en mi, que los lazos de la ilusión me atraparan y nublaran mi razón y mi mente. Jamás en la vida pensé que mis ojos se posarían sobre ninguna doncella. Pero mis sentidos quisieron perderse en la pureza de aquel dulce ser. Ella es un ángel que ha descendido desde los mismísimos cielos. Noble es su linaje, más noble el solar sobre el que se encuentra construida su casa, ilustre es su apellido, y las armas que velan por su linaje y estandarte.  El mismo que vos portáis con orgullo y gallardía. Y es que los designios del destino han querido que mi triste corazón solamente lata por el amor de vuestra propia hermana.

Sé que estas palabras os habrán helado la sangre y que la rabia comienza a extenderse por vuestro cuerpo, arrugaréis este papel como si fuese mi propio cuello. Por eso os pido, a vos, y solo a vos, que me concedáis, como pariente mayor que sois,  la mano de vuestra hermana. Os ruego de corazón que me concedáis esta petición o que me deis muerte con vuestra propia espada nada más llegue a puerto, pues no puedo vivir sin su hermosa presencia, no puedo estar sin recibir su amor, no puedo… sin su amor, sino yacer muerto, ya sea en vida o con mi alma abandonado mi cuerpo.

Por eso os ruego, mi señor, que si la muerte no me diera alcance en la mar océano, que mi navío naufrague y se hunda conmigo en las profundidades del lecho marino, o en alguna de las batallas que el destino me depara, o que la guadaña de la parca por alguna enfermedad siegue mi vida en algún instante, os ruego a vos y solo a vos que me permitáis desposarme con vuestra hermana, Beatriz, o por Dios, Porque de no ser así, juro por el amor y afecto que me tiene vuestra propia hermana que lucharé frente a vos en duelo y aquel que salga vencedor y con vida, vivirá para siempre derrotado pues habrá perdido para siempre algo preciado en esta existencia.

De ser vos el vencedor, perderéis el amor de vuestra hermana, de ser yo el ganador, perderé a un amigo y el amor de mi amada. Y en cualquiera de los dos casos será nuestra amada Beatriz quien pierda un trocito de su alma.

En Biluau, en el vigésimo séptimo día de Julio, en el año de nuestro señor M CD LXX Primero, tu amigable enemigo,

Lorenzo de la Torre

 

Imagen: Jorge Alonso Zárate

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Álvaro Cartagena

Nacido en la Villa Marinera de Santoña (Cantabria) en 1984, pero afincado en Barakaldo (Vizcaya) comenzó sus andaduras en el mundo de la escritura cuando apenas tenía 17 años.