Sociedad de Máquinas

En esta era de tecnología donde prima la mercadería de la información estamos sobresaturados por los medios de comunicación. Radios, prensa y sobre todo televisión saturan nuestro cerebro, que absorbente esponjoso de las ideas y de la desinformación apenas logra sobrevivir a duras penas sin los lazos de internet.

Interconectados, a una máquina atrapados, ensimismados, enamorados y a una red social abrazados. Afuera ni siquiera socializamos. Telediarios, deportes, “reallities”, concursos y series nos tienen encadenados. Los cerebros son absorbidos por los juegos de moda en este momento.

Vivimos entre máquinas y nos comportamos como ellas. Opinamos, comentamos, escribimos y leemos, pero nos perdemos en absurdas absurdeces, cuestiones puntillosas, sandeces y grandes tonterías. Malgastamos el tiempo envueltos en la rutina. Comentamos, publicamos, colgamos y “twitteamos”, luego, en la calle, nos vemos y ni siquiera nos saludamos.

Las noticias, da igual que sean en la comida o en la cena, no sentimos, insípidos vivimos. No cerramos los ojos, mal vemos y hacemos de los oídos sordos. Un niño en África se muere de hambre, ni se nos cierra el estómago y ni nos quita el sueño. Orgullosos abrimos la nevera y engullimos cualquier cosa prácticamente al instante. Impasibles mientras este mundo perece.

No me meto con las series y otros programas, pues yo también soy esclavo del fruto de este pecado. Nos invaden, nos saturan, nos atan y mientras, otra vez insensibles, vivimos ajenos a lo que en el mundo ocurre. Atascados, no salimos de casa y los fines de semana realizamos peregrinaciones en masa. Vivimos aislados en nuestra propia casa.

Añoro un café, una improvisada quedada, una escapada, una charla intelectual agrupados en masa, lejos de casa. No un simple intercambio de información, sino compartir ideas en sociedad. Colaborar para crear, quedar por experimentar y por sentir el placer que producen los sentimientos originados fuera de la soledad de mi casa.

Por eso, hoy escribo, no solo por sentirme bien conmigo, sino por el mero hecho de enfrentar a una pluma a un papel, un mano a mano que paso a paso me enfrenta con la realidad monótona de cada día. Intento salirme del redil, de aquello aburrido, de lo igual, de correctamente establecido. Intento, sin apenas éxito, ser unos de los clavos que sobresale y como el proverbio dice recibe mas golpes.

Si tu te sientes igual, te animo a continuar, leyendo, escribiendo, dibujando… te invito de corazón, a compartir camino y, quizás, destino en este instante.

 

Imagen: Jorge Alonso Zárate

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Álvaro Cartagena

Nacido en la Villa Marinera de Santoña (Cantabria) en 1984, pero afincado en Barakaldo (Vizcaya) comenzó sus andaduras en el mundo de la escritura cuando apenas tenía 17 años.